Se llamaba Lluvia. Y caía todas las noches en el alfeizar de mi ventana sin ningún pudor de ser descubierta. Mojada y dura, roía la piedra para perfilar curiosas formas. Sin duda, era traviesa.Soltada de las nubes, llegaba hasta nosotros sin avisar.
Y pronto se iba…A veces odiada, a veces temida y otras veces tan idolatrada.Mil batallas se librarán por ella, por su preciada agua que trae alegrías y espantos a más de uno. Sin embargo, todos la mirábamos detrás de nuestras puertas, ventanas, ojos, con olor a melancolía.
Y es que cualquier día con lluvia hacia parecer más triste. El sonido gris del viento, las nubes esponjosas y negruzcas, la atmósfera turbia…¿Cómo se llama a la lluvia cuando la quieras y cuando la aborreces la echas?Y es que ella es la más libre de todos nosotros.
¿Quién no ha soñado con ser lluvia? Ir de aquí para allá, sin más ni más, caer y volver a caer incesantemente con miles de ojos observándola.El otoño la adora y en el invierno la ves todos los días.
Quizás llegue el momento en que sólo sea ilusión, en un mero recuerdo se quede en nuestras mentes. Añoraremos su rugido feroz acompañado con sus relámpagos en forma de tormenta. Llegará un día en que no venga…y entonces, sólo entonces, la melancolía torne a sentirse de otra forma.

Tengo el corazón de lluvia. Y huele a tierra mojada. El aroma a vida que deja el agua tras haber caído…
Preciosa entrada.
Un saludo!
Los días de mi lluvia tengo a mi propio Sol que me ilumina, la mujer más bella que conozco
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