
Sonrío,
cuando tu timidez me besa con prisas,
cuando tus labios me rozan inquietos.
Susurro,
que a veces los besos deben ser lentos,
que a veces la acaricia puede ser eterna,
que rasgue tu lengua la mía.
Preguntas,
cómo poder saber cuando pasión y cuando cariño,
cómo cerrar los ojos y dejarse llevar,
cómo evitar equivocarte,
cómo saber qué beso debe llegar.
Confieso,
que esos besos que azuzan la llama,
esos besos que nunca me diste con calma,
esos besos con prisas de quien cree que va a perderlos,
esos eran los besos que me gustaban.
Y aquí, besándote lento,
tu aroma en mi mente,
tus manos en mi cuerpo.
Anhelo inquieto me produce el cuerpo,
de tener prisa de darte esos besos.
Aquellos que, dados con prisa o lentos,
son los besos que espero…
