Cálidas. Las sábanas que adornan tu cuerpo me parecían suaves. Itinerantes sobre tus curvas vagan en busca de mi mano.
Dejo caer mi cuerpo sobre tu lado.
Así, contemplando el firmamento desde la ventana abierta las sábanas rozan mi cara. Su tacto graso, erizado y punzante, desgarran mi sensible carne. Azotadas por el vendaval que entra agitado desde la calle.
Tú sigues remoloneando entre los sueños, combatiendo cien dragones o huyendo de mil tormentos, aferrada a intentar no despertar y enfrentarte a la realidad.
A veces…a veces son las palabras que más pronuncio. Quizás para no decir siempre, a lo mejor para nunca decir jamás.
A veces te observo cuando estás dormida y un dolor intenso, como el tacto de las sábanas, se hunde en mi interior.
¿Será el momento de decir siempre?
¿Será oportuno decir jamás?
Pues te digo que siempre cerraré la ventana para que nadie te dañe y que jamás me separaré de ti, aun sabiendo que las sábanas me herirán cada día más…
