Era un cuento de miradas. Aquellas que te narran historias de mil caricias, de mil besos, cuentos de esos que te hacen sonreir. Una leyenda viva que ondea al viento.
La historia que me contabas todas las noches. Cuando la luna vibraba de emoción al contemplarte, mientras yo me hacia la dormida escuchando tu cuento.
Me decías al oído que las miradas eran dulces, que los ojos expresaban lo que las palabras no sabían. Hablabas sobre tu mirada, la mía, la nuestra. Eso que nosotros albergabamos siempre en nuestros ojos sin decir nada. Simplemente la mirada.
Los cuentos pasaron como los días, rocío a la mañana y frío por la noche. Todas esas nanas cantadas a la luz del alba. Susurrando cuántos cuentos más podríamos soportar sin caer en la fatiga de escucharlos.
Fueron cuentos inolvidables. Cuentos de miradas sin espera, sin consuelo, sin pena. Cuentos de mil historias. De nuestro historia. Una vida en los ojos que me miraban, que los miraba y que nos mirabamos.
Un día los cuentos acabaron. Tu leyenda viva murió. Me dejaste sola para admirar el tiempo. Pero ya estaba tan cansada y vieja que no había cuento que me reconfortara.
Ahora, en mi lamento, escucho el cuento del viento sin saber donde mirar.

El relato es precioso,como el toque que sólo tú sabes darle,pero multiplica su “sabor” si se lee con la banda sonora de fondo de “El Castillo ambulante” de Hayao Miyazaki ,desde aqui animo ha hacerlo. Genial niña
me ha encantadoo! escribes genial. de verdad.
Muchas gracias a los dos!!
nose como llegue hasta aca, pero me llego muchisimo lo que escribiste
te mando un beso
marianita.