Al mismo tiempo que su arquitectura se dedica a hacer su mobiliario, trabajando con su esposa (también arquitecto). Trabajan con la madera, sobre todo con el contrachapado (ya industrializado) que ofrecía ventajas: se podía trabajar con curvas, radios de curvas más pequeños, trabajar con maderas con nudos (ahorrando material), y se conseguían piezas de más tamaño; y las formas serían más perdurables que con madera maciza (que tendía con el tiempo a recuperar su forma original).
El contrachapado consiste en finas láminas de madera que se colocan unas encima de otras y que se prensan y se endurecen.
Una de sus aspiraciones que contribuye a su forma de diseñar, es un viaje por Europa para conocer los edificios modernos. Lo hace en 1928 y conocerá también a los arquitectos y publicaciones donde se criticaba a los arquitectos modernos. Criticaban que esta nueva modernidad tenía peligro porque carecía de calidad táctil y óptica (pensando en el mobiliario de tubo de acero de Breuer).
Para ellos, los muebles de calidad eran las sillas de madera Tonet y las mecedoras americanas.
Esta crítica a la falta de humanidad fue recogida por el diseño de Aalto, que reflexiona sobre este mobiliario de tubo de acero y su mal uso. Por eso, desarrolla una actitud crítica frente a este material (hace demasiado calor, ruido,…), no al racionalismo en sí mismo.
Propone por ello seguir avanzando en esa línea pero teniendo en cuenta problemas y necesidades del hombre (en relación con Bauhaus en este momento, con Meyer).
Tuvo influencia de Moholy Nagy, que en 1931 lo visita a Finlandia. Ambos se conocían hacia tiempo (desde los congresos de la CIAM en 1929, donde se daban los planteamientos para el urbanismo moderno) y es probable que discutieran acerca del diseño, ya que en 1930 Moholy Nagy había publicado “Nueva visión”, donde desarrolla la teoría de su curso en la Bauhaus.
VER TAMBIÉN: Alvar Aalto I
