Hoy

hoy.jpgUn día corrí.  Mis piernas abrían camino con su andar.  Mis pies, huyendo del cansancio, no paraban de moverse rápida y ágilmente por el campo. 

Un día eché a correr.  Detrás de mí se quedó la ciudad.  A mi espalda la consciencia se fatigaba al no poder seguir mi ritmo.

Un día llegué a volar.  Mi cuerpo flotando en el aire.  Las yemas de mis dedos rozando las estrellas.

Una noche comencé a soñar.  Sueños de esos en que corres sin parar, ensoñación de inconsciencia en la que navegas entre las nubes…

Una noche supe brillar.  Lucir con brillantez propia todas las ideas que mi inconsciente me pudo brindar.

Una noche me cansé de esperar.  Me adelanté a la Luna en mi sueño inconsciente, pretendiendo poder rivalizar…

Nunca más volveré a brillar.  Porque a la Luna nadie la miente, ni le chantajean, ni la pervierten.

Nunca llegaré a volar.  Porque el cielo es para los pájaros que son los únicos que pueden soñar.

Nunca gritaré libertad.  Porque la ciudad me absorbe y mi consciente no hace más que andar.

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