“M”

agente M_silueta.jpgDomingo 18:59

El agente M se dispone a empanarse una vez más.  El aire parece viciado en su habitación, será por la cantidad de porquería acumulada en exámenes que ya es hora de recoger…

Escribiendo en su portátil toma café a sorbitos lentos.  El humillo del café caliente le hace empanarse un poquito más.

De pronto de su portátil suena un ruido infernal.  Los pitidos acechando su sueño le alertan de una llamada.  “¿Sí?” Dice ella.

La voz de al lado parece alta y clara “Agente M, ¿Qué hace tomando su placentero café con toda su pachorra sin haberse matriculado en su master de museos?”

“M” empezó a sudar.  Las gotas caían en su rostro como pesadas cargas de culpabilidad.  No podía fracasar en su misión.  Rápidamente metió la clave de acceso a la incripción.  El tiempo apremiaba, los códigos de acceso eran en Julio según ponía en la página. 

Tenía quince días para estudiar el test.

No llegaba ni de coña…

22:24

De un salto se puso pantalones y camiseta, recogió su portátil (dejando a la voz del otro lado con las ganas de cotillear un poco más).  Decidió que el proceso de selección de los individuos al que se tenía que someter fuera rápido e indolora, así que trasladó el campamento base hasta Zaragoza.

Como se dio cuenta que era domingo, esperó a que fuera lunes, se desvistió y se echó a dormir.

Lunes  8:15

Le esperaba un arduo viaje, su copiloto intentaba minar su paciencia.  Sin embargo no acabó con él, los lazos paternofiliales eran demasiado fuertes para ella.

Tenía el tiempo justo para llegar al lugar de recogida.  El calor era atroz, las escaleras de subida al edificio parecían ablandarse a cada uno de sus pasos.  La puerta de acceso casi le rebana el cuello a su paso, fruto de la insufrible corriente que había en el hall.

Corrió por el pasillo, no sin antes tropezarse con una de las muchas grietas que tenía el suelo.  El punto de encuentro se encontraba justo en frente. 

Abrió la puerta con ímpetu para encontrarse una situación dantesta.

El lugar parecía haber sido ocupado por unos seres inhóspitos, que se lijaban las uñas al unísono y que se mecían en su propio aburrimiento intentando ponerte de los nervios.  Una voz te escupió qué querías.  Armada de valor, lograste contener la ira y las nauseas y pedirle tu paquete.

Una de las secretarias reptó hasta tu posición con el papel deseado.  Tras soportar sus neuras, su inaptitud y su verborrea estúpida lograste llegar a la salida a salvo.

Lograste salir de la secretaría de la facultad con tu certificado de estudios.

Prueba superada.

11:49

Ahora tocaba dirigirse al punto “B”.  Allí deberías reunirte en secreto con tu hermana, la cual se encargaba de asuntos económicos del gobierno, para poder tener acceso a la dirección donde ir. 

El camino fue agotador.  La voz en off de tu “pater” resonaba aún en tu cabeza cuando le dejaste en la cafetería de la estación de autobuses.

Al encontrarte con tu hermana te surgió de nuevo la idea de si ibas a llegar a tiempo a tu cita. 

Ni de coña…pensabas.

Para asegurar el encuentro llamaste por teléfono a la Universidad.  Una pizpireta secretaria se puso al otro lado de la línea y, entre amabilidades y borderías, te dio la noticia.

16:30

En ese momento me reí de ti.  Mis carcajadas se oyeron por todo el campamento base.  Los demás agentes no lo sabían, pero llegará el día en que se enteren.

Después de tantos kilómetros y nauseas, te diste cuenta de que podías haberlo echo por teléfono, que no había prueba de acceso al curso y que deberías mirar bien antes de hacer cualquier cosa nerviosa.

Tú y tu orgullo os matriculasteis en el curso.

Comienza la andadura del agente “M”.

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