
Muchas personas te contestarían a eso que no es lo mismo una cosa y otra, sin embargo sí que lo es, objetivamente hablando claro está.
¿Por eso, quien tiene la verdad en su mano?¿Pero qué será eso que hemos llamado arte..?
Para los dadaístas, el mundo entero era una obra de arte, una instalación. Quizás es un pensamiento que comparta mucha gente, en las que me incluyo. Personalmente pienso que todas las cosas realizadas por el hombre, a parte de su mera funcionalidad, tienen intrínseco un concepto: el diseño. En dos vertientes, el diseño para ser práctico y el diseño para ser simplemente bello. Es bien sabido que una lavadora es muy práctica, pero su forma aparentemente sencilla conlleva una gran labor de marketing, de diseño, detrás de él para que resulte atractiva. Y estamos hablando de una lavadora, por no hablar de los muebles, de los coches, de la ropa,…
Cuando me dispongo a sentarme en frente de mi ordenador para escribir me siento en una silla y me pregunto por qué tendrá esa forma, quien fue el primero que se paró a pensar en su casa, con un lápiz y papel, y empezó a trazar líneas rectas y curvas para conformarla.
Con esto pretendo que cuando salgas de casa mires a tu alrededor y pienses en lo que ves, no como simple mobiliario urbano sino como arte en sí mismo.
A raíz de esto, otro punto interesante es el hecho de que el arte es algo que nos ha acompañado a lo largo de nuestra vida y que muchas veces no nos hemos percatado de ello. En el siglo XIX y en el XX se han dado movimientos que han alzado esta idea, como la Bauhaus o el movimiento Arts & Crafts de William Morris.
En la actualidad es frecuente encontrarnos reproducciones de cuadros colgadas en el pasillo de tu casa, escultura urbana por la calle, edificios emblemáticos en los centros de las ciudades,… Sin embargo el problema es…¿lo apreciamos? ¿cuál es el sentido del arte?
El hombre del siglo XXI mira el arte como algo que está pero que no está al alcance de su mano, es algo “bonito”, algo que admira, pero no sabe el por qué. Admiramos el Pilar de Zaragoza, pero no sabemos que hay una casa modernista en la Avenida Cataluña (la casa Solans) que es quizás más apreciada, estéticamente hablando, que la propia basílica. Y estamos hablando de una casa que hasta hace un par de años ha estado totalmente olvidada.
Entonces…¿qué es el arte? Llevo cinco años estudiando historia del arte, he hecho cursos, talleres, en el instituto tenía arte…pero no tengo ni la más remota idea de lo que es el arte. Apuesto a que nadie sabría definir lo que es el arte, porque es como querer explicar dónde está Dios, si se me permite la comparación.
¿El arte sería algo estético, místico, simbólico, creativo o simplemente imaginación? Os lo dejo a vuestra elección. Para mi el arte es una de las razones de la humanidad, sin arte el ser humano no sería nada, no existiría, simplemente moriría de pena.
Personalmente no creo que el arte sea simplemente la música, el teatro, el comic…si no que es la fuerza que nos hace luchar en cada momento. Aunque resulte muy místico mi afirmación, os lo explicaré para que entendais mi postura.
El otro día encendía la televisión, ritual que hacemos con mucha frecuencia muchos de nosotros, y pudo ver el telediario con las noticias más relevantes: atentados en Irak, terremotos, muerte, destrucción, pobreza, gobiernos que miran para otro lado, globalización… es decir, vi el mundo en que vivimos, con su hipocresía y su destrucción. Me fui a mi habitación y me quedé mirando una reproducción de El jardín de las delicias, de El Bosco (mi tríptico por excelencia) y entendí todo.
Es sorprendente que la misma humanidad que mata, roba, viola y destruye es la que hace cosas tan bellas, con tantas ganas y tanta imaginación que una obra de teatro, una canción o un cuadro.
Eso es lo que digo cada vez que me preguntan por qué me gusta el arte.

A cada uno le puede interesar el arte para un propósito: un agradable rato analizando obras, luchar en cada momento difícil, abstraerse de la rutina… Pero eso es lo bonito del arte, que sirve para lo que cada uno necesita o quiere en cada momento.
Por otra parte, he de decir que desde que tuve hace tiempo una novia que le encantaba el arte, ahora lo veo con otros ojos. Yo creía que el arte era como nos lo enseñan en el colegio: pintura, escultura y arquitectura. El arte no es sólo eso.
Para mí el arte es cualquier cosa (y recalco, “cualquier”) que haya sido realizada por alguien con el propósito de expresar una idea o un sentimiento. Por tanto, y ya que soy informático, si yo por ejemplo estoy montando un ordenador ahora mismo y le estoy poniendo un montón de lucecitas “tuneándolo” (modding en la jerga informática), si yo he querido expresar algo montándolo, eso es arte, por supuesto.
Y por tanto, el artista que toca en la calle, el malabarista del circo, un salón de coches tuneados, un pintor en Montmatre, el escultor con su taller en el pueblo, las 10.000 sombrillas amarillas de Christo, un juego de ordenador o una película, … todo ello es arte.
Lo bonito del arte es que cada uno lo vemos de una manera distinta, lo apreciamos de una manera distinta y nos atrae o nos conmueve de una manera distinta.
Los dadaistas tenían mucha razón…
La razón y el arte, deben ser una misma cosa.
El filósofo místico brasileño José Trigueirinho resume en su obra “Caminos Para la Cura Interior” que el nivel físico-etérico es la primera dimensión; el nivel astral o emocional, la segunda; el mental pensante, la tercera; y en una cuarta se sitúa el mental abstracto, en el que tenemos conciencia del Yo superior. Y después hay una dimensión de intuición, y luego otra espiritual, y otras aún más elevadas. Creo que los planos corresponden simbólicamente a los niveles de actividad cerebrales, beta, alfa, zeta y delta. Los científicos modernos -véase la obra de Dodson- dicen que en el nivel Alfa es en donde se produce la creación artística o inspirada.
Las enfermedades son siempre egóicas o de la representación de utilidad de la mente. Son, si no me equivoco, de los primeros tres planos, los cuales los hinduistas entenderían que son los planos de la Mente Universal: Los planos bajo el dominio de Kal o el Demonio de las demás religiones, los cuales hay que superar.
La mente debe ser desarmada a través de la meditación, lo que los filósofos como Derridà han conocido como deconstrucción, o como Kant, inmanente deconstruccionista en su búsqueda como Platón, de la razón pura.
El arte es pues, un ascenso ontológico-simbólico, que es una expresión por estos motivos de la naturaleza, o deseo del alma de regresar a su estado natural más allá de los símbolos que componen la mente, es decir, regresar a Dios tras cruzar los planos que componen la Mente Universal.
O todo es, como reflejo de la verdad, arte. Binet decía “El pensamiento es el inconsciente del Alma”…más, si conforme al neurólogo Rodolfo Llinás, “el pensamiento es la interiorizción del movimiento” -Véase “El Cerebro y el Mito del Yo”, 2.003-, entonces no hay diferencia entre el ente existente y el ente pensante, entre la política y la filosofía, por ende, todo es arte en su forma.
Ya no en cuanto a la forma del arte, sino en cuanto al fin del Arte, lo cual lo categoriza, sólo puede ser deconstruccionista, con una distinción en cada plano de actividad cerebral, pero siempre orientado hacia un estado delta o zeta, que es meditación profunda o unión entre movimiento y pensamiento, entre política y filosofía, entre hombre y naturaleza, o verdad y reflejo.
En uno de mis poemas he dicho:
“Del símbolo al Ello,
del Ídolo de carne a la Verdad,
detrás del hombre que derriba la Estatua
se construía algo que me parecía tan absurdo…,
la Deconstrucción de los Símbolos construía a la par,
El Yo Absoluto”
Respóndanme si, como el cerebro es un emulador de la realidad y no un traductor de la misma, y todo lo pensado es simbólico, ¿acaso no todo camino para sublimar las pulsiones es puro fetichismo?
Oliver Lis
VAGO ESPECIALIZADO EN LA LOCURA
deargelos@operamail.com